
Una de las experiencias que más adicción crea a la pesca con mosca es la de lanzar sobre un pez que está subiendo, pescar “las subidas”.
De alguna forma, es posiblemente el procedimiento más fácil de los muchos en que se puede dividir la pesca con mosca, pero en alguna otra es el más exigente y difícil. Es a menudo fácil porque el pez nos muestra donde está. No se necesita experiencia de conocer o leer el agua, aprender a engañarla o tratar de persuadirla para que se mueva desde la posición donde se encuentra.
La trucha está allí, saciándose de insectos naturales. Se la puede ver, porque no se oculta del pescador. Pero en el centro de un “parado” que está lleno de peces subiendo, lanzar una y otra vez a las “subidas”, y ver cómo nuestra imitación es rehusada de forma continua puede resultar la experiencia más decepcionante que se se pueda imaginar.
Cuando los peces se alimentan de insectos naturales, y normalmente ignoran la imitación que se les presenta, es que algo se está haciendo mal. Es difícil definirlo, pero obviamente existe alguna cosa que no se ejecuta correctamente, y esto es, sin ningún género de duda, un defecto del pescador.
La eclosión puede ser un momento difícil, ya que el pez sabe lo que quiere (después de haber visto unos cientos de insectos naturales) y normalmente tomará aquellos que derivan de forma natural, libres de arrastre. Una mosca es arrastrada en una corriente rápida, o lenta, por la línea o el bajo, que tiran de ella y la hacen moverse más rápida o lentamente que la corriente donde se encuentra, a menudo dejando una estela. En este caso el pescador tiene que solucionar dos problemas:
- Elegir una imitación adecuada, la más parecida y más semejante a las naturales para incitar al pez a tomarla.
- Presentar perfectamente y de forma natural (normalmente, aunque no siempre, libre de “arrastre”)
La solución del primer problema se resuelve con algunos conocimientos de entomología, lo que nos facilitará el montaje o la compra de modelos adecuados.
La solución del segundo problema toma tiempo, requiere experiencia y exige una gran práctica. La razón es que el 80% de todos los lanzamientos efectuados a un pez que está subiendo se deben realizar con la línea floja, extendidos y en curva. No importa lo exacta que sea su imitación, si no se presenta y actúa de igual forma que lo hacen los insectos naturales, no enganchará ningún pez, especialmente los más grandes.
Los lanzados en línea floja, tales como el lanzado en S, son bastante efectivos y más fáciles de aprender. Pero los lanzados curvos y los curvos extendidos son normalmente mucho más efectivos, aunque más difíciles de ejecutar. Se deben dominar tanto los lanzados en línea floja, como el extendido, como los lanzados con curva a la derecha o a la izquierda. Sin ellos no se tiene ningún tipo de ayuda en este tipo de pesca.
La mejor posición desde la cual se puede atacar una “subida” es normalmente a través y ligeramente por debajo, esto es, desde la situación del pescador la “subida” se encuentra aguas arriba. Esta situación ideal puede variar con frecuencia y considerablemente debido a obstrucciones, corrientes cruzadas y zonas imposible de vadear. Puede alterarse totalmente si se trata de realizar un lazando recto aguas arriba o un lanzado recto aguas abajo. Coloque la imitación tan próxima a la “subida” como razonablemente sea posible, pero no tan cerca como para asustar o espantar a la trucha; alrededor de cincuenta centímetros es lo más aconsejable.
Cuanto más largo sea el lanzamiento, mayores posibilidades existen de efectuar una presentación defectuosa. Aún así, con una “subida” sobre insectos naturales, y desde el momento en que la imitación se encuentra en directa competición con éstos, cuanto más corto sea el lanzamiento, más lanzamientos podremos efectuar sobre un pez antes de que la eclosión termine.
Durante el período de una gran eclosión en un río con una población de truchas abundantes, no será necesario moverse demasiado con objeto de lanzar a las “subidas”. En otros momento, cuando las eclosiones están espaciadas, o el tiempo frío parece aletargar a las truchas, o en zonas en que éstas son más escasas, es necesario, con alguna frecuencia, buscar las partes del río donde las truchas están “subiendo”. En estos casos vadeamos aguas abajo para buscar signos en la superficie. Cuan al final las encontramos, debemos colocarnos cuidadosamente en posición de lanzado, lo cual es de nuevo a través y aguas abajo de la “subida”. La razón de vadear aguas abajo es, simplemente, porque es mucho más fácil hacerlo a favor de la corriente que luchar aguas arriba contra un corriente que nos detiene; también porque podemos explorar una zona mucho más amplia.
Una aproximación lenta y cuidadosa aguas abajo no espanta al pez que se encuentra ocupado alimentándose de insectos naturales. En ríos pequeños, andar por las orillas es probablemente la mejor forma de no advertir a los peces. Es evidente que si una buena trucha se encuentra situada en la superficie en una posición aguas arriba, el mejor método es acercarse a ella desde abajo, pero debemos andar despacio y cuidadosamente para que las turbulencias y salpicaduras del agua no las espanten.
Se se encuentra en el camino cruzado de una “subida”, en una posición ideal para atacarla, con la corriente moviéndose de la derecha a la izquierda, debemos atacarla con un lanzado curo a la derecha. Si la corriente es de izquierda a derecha, el mejor lanzado será un extendido con curva a la izquierda. Un lanzado en serpentina o un lanzado flojo pueden ser muy efectivos. Un pez colocado directamente aguas arriba no necesita el lanzado. Si el pez está situado aguas abajo es necesario realizar un lanzado con línea floja.
La mosca debe aterrizar suavemente algunos centímetros por encima de la subida. Cuanto más próximo a la superficie se mueva el pez, más próxima a la “subida” debe de depositarse la mosca, ya que la ventana de visión es menor cuanto más cercano a la superficie se encuentre el pez.
Es el primer lanzamiento el que realmente merece la pena para el pez, y debe considerarse el tiempo empleado para ello, debemos de lanzar la mosca de forma que no caiga justo encima del pez. Esto es especialmente cierto cuando el pez se alimenta cerca de la orilla o de alguna protección. Después, si la mosca es “arrastrada”, es que hemos analizado mal la distancia o la corriente. Únicamente cuando tengamos la certeza de que hemos estudiado todos los factores que intervienen en el lanzado, incrementamos la distancia de forma que la imitación derive de forma natural en la corriente que usa la trucha para alimentarse.
Cuando el pez “sube”, tan sólo es necesario dar un rápido clavado, simplemente un ligero desplazamiento de la puntera hacia arriba. Cuando el pez sube francamente, casi siempre se clava solo. El llamado clavado corto, clavado deficiente en el que el pez no se engancha, es debido invariablemente a imitaciones mal montadas o a una presentación defectuosa, y no porque el clavado haya sido débil o flojo. El pez puede subir, y en el último segundo darse la vuelta y rehusar la imitación, aunque el remolino producido por su giro en el agua puede tener la apariencia de una verdadera “subida”, y se confunde frecuentemente con un ataque real a la mosca.
En algún momento puede ser conveniente animar a la mosca con algún ligero movimiento, por ejemplo, en las eclosiones de tricópteros y moscas de la piedra y en aquellas ocasiones en que sobrevuelan el agua dejando los huevos. En estos períodos, debe utilizarse un modelo con mucho “hackle”, o una mosca montada con pelo imitando un tricóptero. Estos insectos saltan con frecuencia sobre la superficie del agua o se arrastran sobre la misma para depositar los huevos. La imitación debe lanzarse por encima de la subida y debe moverse con pequeños tirones.
En el momento de la “subida” (y con frecuencia antes) una ninfa, lanzada lejos aguas arriba, dejándola descender cerca del fondo, y subiéndola después a la superficie en cortos recorridos, simulará un insecto en el momento anterior a la emergencia, ascendiendo y nadando hacia la superficie. Este procedimiento puede resultar de una efectividad asombrosa. Otro método igualmente efectivo para pescar con ninfa en el momento en que las truchas suben, consiste simplemente en dejarla derivar sobre la superficie del agua. Es necesario realizar una deriva sin arrastre, y de nuevo, el pescador debe dominar el lanzado curvo. En ocasiones puede efectuarse un lanzado a través del río, y la ninfa será llevada por la corriente a su antojo, o recuperado de vez en cuando con tirones cortos.
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Señores: Eso de que en tiempo real se...
Excelente y muy didáctico.Hacer el fa...
Buenas tardes, Les escribo como co...
todavia debe quedar alguna el caso es...
¿Realmente creen que con esas medidas...